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La forma más confortable de pasear por el campo es disfrutar de sus vistas, sus texturas, del sonido de la naturaleza… El paisaje acompaña en el paseo a la vez que es paseado. El caminar se convierte en un baile en el que el caminante se desplaza y el territorio se va mostrando.

Cuando el pasear se realiza por zonas de parques naturales, zonas protegidas, e incluso otros paisajes más humanizados, la forma construida que parece que es el mejor acompañante son las vallas de madera. La calidez del material, su textura, su color, su olor… se convierten en características intrínsecas del paseo. La humanización más natural y la mínima necesaria para proteger las caídas, marcar el paseo y al mismo tiempo ser una forma elegante de modificar el paisaje.

Una simple valla de madera puede ser un elemento que aporte la clase que un entorno necesita. En el momento en el que se plantea la instalación de un elemento lineal de cientos de metros empezamos a explorar materiales y a empezar una divagación entre sistemas de barandillas que nos puede llegar a un cruce con tantas opciones que puede llegar a confundirnos.

La solución constructiva de una valla de madera es una estructura elemental que se puede complejizar hasta donde la imaginación del diseñador lo permita. Básicamente se trata de un entramado de elementos verticales y horizontales, con la capacidad de soportar empujes laterales. Por esta razón está hincado en el terreno y tiene arriostramientos puntuales de tal manera que permita la contención y la protección de caídas de personas o animales en los bordes más escarpados o en los desniveles más inesperados, donde es factible encontrarse con una desafortunada caída.

Podemos extrapolar esta solución a otros ambientes fuera de la naturaleza más salvaje. En cualquier urbanización podemos pensar en utilizar este tipo de cerramientos como una manera elegante de delimitar espacios públicos en medio de los bloques residenciales, en los perímetros de los parques urbanos y en las inmediaciones de los equipamientos públicos. ¿Por qué no disfrutar de acariciar la madera que nace en las proximidades de nuestra ciudad? La forma de aprovechar los recursos naturales y tener un bajo impacto ambiental pasa por aprovechar las materias primas que tenemos cerca.

Está claro que para ejecutar los cierres perimetrales de grandes instalaciones públicas se necesitan kilómetros de troncos para la fabricación de postes y barandillas, de entramados intermedios, tornapuntas y otros elementos que componen el cierre , como las puertas y cancelas.

Los puntos intermedios entre la valla y el terreno son puntos complicados. En algunas ocasiones son detalles que quedan sin resolver de una forma elegante porque no se dispone de presupuesto, o porque el grado de protección que se necesita no se aplica sobre la madera, sino que se interpone algún elemento, bien de hormigón, o de algún tipo de elemento metálico.

En ocasiones la forma de hincar el elemento vertical también condiciona la solución. Si no disponemos de espacio para realizar un hincado directo, como una estaca, debemos de recurrir a soluciones intermedias, como la interposición de anclajes, empotramientos, que en ocasiones hacen sufrir a la madera en su encuentro, siendo puntos donde la intemperie ataca más a la madera, siendo los puntos donde conviene aplicar capas de protección más efectivas y que penetren mejor en los poros de la madera.

El mantenimiento de los elementos de madera puede ser una de las prácticas más sencillas y placenteras de la construcción. Limpiar, lijar, aplicar el producto de protección, son tareas extremadamente fáciles y necesarias a la vez. Cada dos años es importante renovar las capas de protección de la madera para aumentar su durabilidad.

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