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La piscina es un elemento auxiliar en arquitectura, que se asocia con el confort y la calidad de vida. Desde la terma romana, a la piscina doméstica pasando por los complejos de aguas calientes tan comunes en Japón o Europa del este, las construcciones para el agua han sido fundamentales para la arquitectura. La piscina en sí requiere unas condiciones constructivas específicas y una buena selección de la tipología a construir.

por Juan Carlos Flórez via flickr

Las piscinas pueden configurarse como un elemento temporal o fijo. Las piscinas temporales son, habitualmente, desmontables, y por lo tanto construcciones ligeras pero con capacidad suficiente como para soportar las cargas derivadas del peso de la masa de agua. Las piscinas fijas, son aquellas que se construyen en un emplazamiento definitivo y por lo tanto su materialidad ha de ser confiable y cuidadosa.

por Paco via Flickr

La construcción de la piscina está formada por varios elementos fundamentales: el vaso, la depuradora de aguas y la playa. El vaso es el elemento base de la piscina, aquel elemento constructivo que contienen la masa de agua y evita que ésta se filtre a través de las juntas. La depuradora es una instalación que permite sanear  la masa de agua del vaso, mediante el filtrado y la adición de químicos que son capaces de eliminar las bacterias, algas, hongos y otros microorganismos disueltos en el agua.

por Toprural via flickr

La playa, parece el elemento más prescindible de la piscina, pero en realidad es fundamental para garantizar la seguridad de los usuarios y la buena construcción, ya que en el perímetro que rodea a la piscina es donde se albergan parte de las instalaciones, y donde se puede producir el mayor número de accidentes debido a la presencia de agua por salpicadura o desbordamiento. En términos funcionales existen dos tipologías fundamentales de piscinas: piscina de vaso rebosante y piscina de skimmers. En la piscina de vaso rebosante el agua se desborda y es recogida en todo su perímetro para ser llevada a la depuradora. En la piscina de skimmers, el agua no llega a rebosar, sino que se encuentra a unos centímetros del borde del vaso, y el agua es recogida puntualmente mediante skimmers, unas trampas que impiden que pasen elementos de gran tamaño. En ambos casos el agua es llevada a la depuradora. En piscinas domésticas suele ser más común la segunda opción ya que su mantenimiento es mucho más sencillo por tanto económico. Las piscinas de vaso rebosante, se suelen utilizar en usos públicos, ya que la depuración de agua es mayor y constante, lo que garantiza mayor higiene.

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