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¿Has probado a correr por el borde del agua en la playa? ¿Has intentado correr dentro del agua? Uno de los grandes inconvenientes del trabajo en cimentación es el contacto con el terreno mojado, en algunos casos pantanoso, y en casos como este en particular, con el agua por las rodillas.

En el artículo de hoy hablaremos sobre la previsión y el estudio del terreno, cómo detectarlo o aventurarnos a su presencia, a través de la forma propia del territorio y cómo hemos solventado en este caso particular los problemas con el nivel freático. La presencia «descontrolada» del agua en el terreno puede provocarnos asientos diferenciales y por consecuencia fisuras o grietas, entrada de humedad por capilaridad, y más patologías derivadas del contacto directo con el agua como las heladas, los movimientos de agua subterránea… por esas razones es importante mantenerla a raya.

La forma del terreno y las posibilidades de encontrar agua

Si tenemos la posibilidad de visitar el terreno antes de hacer ninguna excavación podemos adelantarnos a algunos acontecimientos como la presencia de agua subterránea. Los terrenos elevados que tienen cerca pequeños riachuelos, fuentes, tienen un nivel de agua que fluctúa según la época del año denominado nivel freático. Debido a las emanaciones de agua en la zona podemos saber de su presencia, pero dificilmente averiguar su profundidad. Es ahí donde entra el estudio geotécnico.

Una vez que conocemos el nivel al que debemos apoyarnos, en función de las características mecánicas del terreno, y el nivel freático, podemos empezar a tomar decisiones. En este caso particular, el nivel freático se encuentra en la franja en la que sería razonable colocar la base de la cimentación. Debido a las características del terreno era posible utilizar zapatas aisladas como base para la estructura, pero debido a la profundidad de estas y a la cantidad de agua que podría aparecer se tomaron principalmente dos decisiones.

zapatas aisladas con vigas de atado en terreno inundado

¿Cómo bajar el nivel freático?

En un principio no podemos modificar el terreno vecino, por consiguiente si bajamos el nivel de nuestro terreno lo que hacemos es provocar más inundación (el agua tiende a rellenar huecos entre el terreno, si no hay terreno aumentamos la cantidad de agua hasta nivelar con las parcelas vecinas, que dependiendo de como alteremos nosotros el terreno pueden sufrir o no desajustes).

La presión de agua sobre las parcelas vecinas, si se ve modificada, también puede producir asentamientos diferenciales en las viviendas próximas, por lo que debemos de intentar mantener el nivel en su sitio, prácticamente siguiendo la teoría de los vasos comunicantes. No tenemos que bajar el nivel freático, solamente achicar el agua e impedir que entre en la vivienda, debemos de permitir que fluya y para eso la forma de la vivienda debe permitir el flujo natural del agua, así como estar correctamente drenada en su perímetro.

En este caso se trata de una vivienda en L, orientada de tal manera que el patio está a favor de la dirección del agua, por lo que el agua que procede de terrenos más altos no se estanca en el interior de la «L».

encofrado de muretes perimetrales con terreno inundado

¿Cómo impermeabilizar la cimentación y el muro en contacto con el terreno?

En este caso lo fácil es la impermeabilización. La pintura bituminosa y la lámina asfáltica protegida con un geotextil funciona. El posible problema en este caso es que, por la teoría de los vasos comunicantes que hablaba antes, debido al nivel de agua exterior se produzca una subida del agua en el interior de la cimentación, esto es, entre las vigas de atado. ¿Qué podemos hacer en este caso? El relleno debe de ser seleccionado, no sirve echar tierra o arenas de la obra.

Se debe de garantizar (y asumir) que el agua sube por dentro de la cimentación y que puede llevarse hasta el drenaje, manteniendo en la medida de lo posible el nivel del agua del terreno.

impermeabilización de muretes y relleno del tradós
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