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El agua es un elemento muy escurridizo, en el doble sentido de la palabra. Busca la más pequeña vía para moverse, y no siempre en el sentido de la gravedad. De ahí vienen inventos como los aleros, goterones, paragüas al fin y al cabo.

El emplazamiento de la obra condiciona mucho la solución. La forma y la composición del terreno condiciona la forma de propagación y el movimiento del agua bajo tierra, y a nivel de superficie. Pongamos un caso. La forma que tiene de bajar el agua en torrentes nos condiciona a que una empresa de impermeabilizaciones en Valencia tenga que estar alerta de fenómenos como este, o por ejemplo en Santiago de Compostela, donde se dice que llueve hacia arriba…

¿Para qué queremos evitar el agua? La presencia de agua no deseada en el terreno provoca entrada de agua al interior de la vivienda, bien sea por capilaridad, por via directa si hay algún espacio bajo tierra, etc.

Podemos intentar evitar el agua de cuatro formas principalmente. Estas indicaciones son unas estrategias muy comunes, fácilmente razonables, pero que implican un desarrollo técnico y una ejecución correcta, para conseguir canalizar el agua.

Impedir que el agua toque el suelo

Colocar un paragüas… las cubiertas, los canalones y la propia forma de la edificación pueden ayudarnos, desde el diseño, a protegernos de la entrada de agua. Igualmente estas estructuras deben de estar impermeabilizadas de la forma correcta, con las juntas selladas y con las pendientes y el mantenimiento apropiados.

Canalizar el agua en superficie

A través de pequeños cambios de pendiente vamos a ser capaces de dirigir el agua lejos de la fachada. De esta manera, la propia forma puede propiciar la evacuación del agua. A pesar de tener más elementos de protección “aguas abajo” la conducción del agua de superficie es fundamental, ya que se trata de la primera barrera que tenemos a nivel de suelo.

Aquí tenemos que incluir el agua que llega por escorrentía a la parte baja de la fachada. La fachada se convierte en un plano que recoge cantidades tremendas de agua en el momento que hay un poco de viento. Por este motivo el encuentro con el suelo debe de poder canalizar y evacuar el agua. Aquí se colocan láminas impermeables, morteros impermeabilizantes y se sellan juntas con especial atención.

Recoger el agua subterránea

Por debajo de la acera hay agua. Puede que no lo tengas en cuenta, pero es así. El espacio entre el terreno y la estructura del edificio, muro de sótano, cimentación, debe de estar preparada para recoger el agua. Por este motivo se realiza habitualmente una cuña drenante. Esto es, un espacio de terreno en el que se coloca un tubo perforado que recoge el agua, canalizada desde la impermeabilización del muro de sótano y desde el talud que se forma con la excavación.

En la base de esta cuña se hace una canalización, habitualmente con hormigón de limpieza, se coloca el tubo de drenaje y se envuelve con geotextil y grava, sin arenas ni finos!

Como consejo, si puedes colocar dos tubos de 110 mm, no coloques un tubo de 200. Si dibujas la sección del tubo lo comprenderás. Ante la misma cantidad de agua tienes más superficie de contacto con el terreno en los dos tubos pequeños y más pendiente en el interior del tubo para permitir un desagüe más rápido.

fuente – blog técnico del COAG

Tener un material impermeable en contacto con el terreno

Esta debería de ser la última defensa, el límite entre el interior y el exterior. Dependiendo de la ubicación del edificio tendrás mayor o menor riesgo de entrada de agua. La impermeabilización del primer elemento en contacto con el interior debe de ser considerada como esa última barrera, que si falla, puede originar la entrada directa de agua desde el exterior.

Por esta razón contamos con formas de mejorar esa impermeabilización, como los impermeabilizantes, lodos bentoníticos, y “capas extra” que podemos aplicar por el exterior y en ultimísimo caso , por el interior.

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