Las estrategias solares pasivas

Si potenciamos la utilización de materiales pesados (piedras naturales, piedras artificiales y cerámicos pueden ser un buen ejemplo), contribuiremos a tener abundante masa, con buena capacidad de acumulación térmica y una restitución pausada en el tiempo. Es decir, obtendremos muros de considerable inercia térmica.

Es una buena solución para situaciones climáticas donde se producen grandes variaciones entre las temperaturas diurnas y las nocturnas, incluso entre las de verano y las de invierno, ya que la inercia térmica corrige y suaviza estos extremos. También es recomendable para aquellos usos de carácter permanente y continuado –es el caso del edificio residencial–, donde las condiciones de confort deben permanecer inalterables durante todos los días del año.

La secuencia de funcionamiento en este caso sería la siguiente: durante el día el sol impactaría en la superficie del paramento calentando paulatinamente la masa térmica expuesta y almacenándose en ella. Cuando el sol deje de actuar, la temperatura del ambiente bajará y el muro, que tiene una temperatura superior, empezará a emitir al ambiente hasta que descargue el almacén térmico. (principio del muro trombe)

Para obtener un muro que obtenga buenas prestaciones en cuanto a inercia térmica se refiere, debemos optimizar cada una de las fases que integran su secuencia de funcionamiento. En primer lugar debemos asegurarnos que de la captación se obtengan los máximos rendimientos posibles, poniendo especial cuidado en el color y la textura de los paramentos receptores.

Cuando el color es oscuro se obtienen los máximos porcentajes de absorción de la radiación incidente, situando al negro con el 100% (absortancia 1). En el extremo opuesto estarían los colores claros, con porcentajes por debajo del 50%. La absortancia del color blanco se situaría muy cerca del cero.

Color Absortancia
Muy claro 0,10-0,20
Claro 0,50
Medio 0,80
Oscuro 0,90
Muy oscuro 0,92-0,95

El otro factor a tener en cuenta es el de la textura de los muros. Si ésta tiene un carácter especular, como pudiera
acontecer con un acabado pulido, la componente reflexiva aumentaría y por tanto disminuiría el porcentaje de radiación absorbida. En el caso contrario se sitúa una superficie mate y rugosa.También resulta trascendente el ángulo de incidencia de la radiación solar, máximo cuando es perpendicular.

La segunda fase del proceso consistiría en la capacidad del almacén térmico, que depende básicamente del espesor del muro y de las características intrínsecas de carácter térmico del material que lo constituye, tal y como hemos comentado en el apartado precedente.

La tercera fase del proceso, sin que ello signifique concatenación de hechos, consiste en la restitución de esa energía almacenada, calefactando el ambiente interior y reduciendo, cuando no excluyendo, los aportes energéticos derivados de la utilización de energías convencionales.

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Luis M Santalla Blanco . Director de teoriadeconstruccion.net, autor en blogs como arquitecturadegalicia.eu y 9diseno. Miembro del estudio Flu-or y anteriormente del estudio MMASA   ver más sobre el autor